Las supersticiones sobre los animales: mitos que heredamos y animales que nunca eligieron cargar con ellos

Las supersticiones sobre los animales: mitos que heredamos y animales que nunca eligieron cargar con ellos

por Naturalmente Feliz en ene 13 2026
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    Hay algo curioso: la mala suerte casi siempre se proyecta sobre otros, y durante siglos esos “otros” han sido, muy a menudo, los animales.

    Perros, gatos, aves, insectos o reptiles han sido convertidos en símbolos de fortuna o desgracia según la cultura, la época y el contexto histórico. El problema no es la creencia en sí, sino las consecuencias reales que estas ideas han tenido —y siguen teniendo— sobre los animales.

    En este artículo recorremos supersticiones de distintas partes del mundo, las contrastamos entre sí (algunas incluso son completamente opuestas) y reflexionamos sobre lo que nos dicen de nosotros como sociedad. Porque los animales nunca pidieron ser símbolos. Solo ser animales.

    El origen de las supersticiones animales: miedo, desconocimiento y necesidad de control

    Las supersticiones relacionadas con animales no aparecen por casualidad. Surgen en épocas donde la ciencia no podía explicar muchos fenómenos y el ser humano necesitaba darles un sentido. Los animales, por su cercanía y por comportamientos difíciles de interpretar, se convirtieron en una explicación sencilla para lo desconocido.

    Históricamente, los animales han sido vistos como mensajeros entre la vida y la muerte, como presagios de acontecimientos futuros o como representaciones del bien y del mal. Cuando no se comprendía su conducta, se llenaban los huecos con relatos simbólicos. Con el paso del tiempo, esos relatos acabaron transformándose en creencias populares profundamente arraigadas.

    El gato negro: mala suerte en Europa, buena fortuna en otros lugares

    Pocas supersticiones están tan extendidas como la del gato negro asociado a la mala suerte. En gran parte de Europa, especialmente durante la Edad Media, los gatos negros fueron vinculados a la brujería, al demonio y a lo oculto. Su actividad nocturna, su mirada brillante y su carácter independiente encajaban perfectamente en una narrativa basada en el miedo.

    Las consecuencias de esta creencia no fueron solo simbólicas. Durante siglos se persiguió y exterminó a los gatos, especialmente a los negros. A día de hoy, este estigma cultural sigue teniendo efectos reales: los gatos negros suelen tardar más en ser adoptados y permanecen más tiempo en refugios, a pesar de no existir ninguna diferencia en su carácter o comportamiento respecto a otros gatos.

    Lo interesante es que esta visión no es universal.

    En el Reino Unido, por ejemplo, un gato negro es símbolo de buena suerte. Tradicionalmente se consideraba protector de los hogares y de los marineros. En Japón, el famoso maneki-neko negro se asocia con la protección contra el mal y con la buena fortuna en el amor.

    Mismo animal, mismo color, significados completamente opuestos. La suerte nunca estuvo en el gato. Estuvo en la historia que cada cultura decidió contar sobre él.

    El perro que aúlla: presagio de muerte o simple comunicación

    Otra superstición muy conocida es la que asocia el aullido de un perro con la llegada de una desgracia o incluso con la muerte. En muchas culturas europeas y americanas, escuchar a un perro aullar por la noche se interpretaba como un mal augurio.

    Este mito se reforzó porque el aullido es un sonido intenso, emocional y que suele producirse en momentos de silencio nocturno, cuando el miedo y la imaginación humana están más activos.

    Hoy sabemos que el aullido es una forma completamente normal de comunicación canina. Los perros aúllan para responder a otros sonidos, para comunicarse con otros perros, para expresar emociones o incluso como parte de su herencia genética. No están anunciando tragedias. Están hablando en su propio lenguaje.

    Desmintiendo la superstición

    Curiosamente, en algunas culturas indígenas americanas, el perro no era visto como presagio de muerte, sino como guía y protector del alma. El mismo comportamiento que en unos lugares generó miedo, en otros despertó respeto.

    Las lechuzas y los búhos: sabiduría o muerte según la cultura

    Las aves nocturnas también han sido protagonistas de supersticiones opuestas. En la Grecia antigua, el búho era el animal sagrado de Atenea, diosa de la sabiduría. Representaba inteligencia, conocimiento y protección. Ver un búho era una señal positiva.

    En cambio, en muchas zonas de América Latina, el canto de una lechuza cerca de una casa se asocia con enfermedad o fallecimiento. Esta creencia ha provocado que durante generaciones se persiguiera a estas aves, a pesar de que cumplen un papel fundamental en el equilibrio del ecosistema al controlar poblaciones de roedores.

    Una vez más, el animal no cambia. Cambia la interpretación humana.

    Serpientes: símbolo de traición o de curación

    Las serpientes son otro ejemplo claro de cómo un mismo animal puede representar ideas completamente opuestas. En la tradición cristiana occidental, la serpiente se asocia al engaño, al pecado y a la traición. Esta visión ha generado un rechazo profundo hacia ellas.

    Sin embargo, en otras culturas la serpiente simboliza renovación, transformación y energía vital. En la Grecia clásica estaba asociada a la medicina y a la curación, y en muchas culturas asiáticas e indígenas es un animal sagrado vinculado a la tierra y a los ciclos de la vida.

    Mariposas, cuervos y otros animales cargados de significado

    Las mariposas negras son consideradas en algunos lugares un anuncio de muerte, mientras que en otros representan cambio, transformación y renacimiento. Los cuervos han sido vistos como símbolos de guerra y mala suerte en ciertas culturas europeas, pero en las culturas nórdicas eran mensajeros de los dioses y portadores de sabiduría.

    Estas contradicciones dejan algo muy claro: las supersticiones dicen mucho más de la cultura que las crea que del animal al que señalan.

    El impacto real de las supersticiones en el bienestar animal

    Cuando hablamos de supersticiones, no hablamos solo de creencias antiguas o curiosidades culturales. Hablamos de consecuencias reales. Las supersticiones han provocado menor adopción de ciertos animales, miedo injustificado a comportamientos normales, abandono, maltrato directo o indirecto y una falta general de empatía.

    Cuando un animal deja de ser visto como individuo y se convierte en símbolo, deja de ser escuchado. Se le juzga antes de conocerlo.

    Supersticiones modernas: mitos que aún repetimos

    Aunque hoy no hablemos de brujería, seguimos repitiendo ideas sin base real. Pensar que los perros grandes son agresivos, que los gatos son traicioneros o que ciertos animales “dan mal rollo” no es tan diferente de las supersticiones antiguas. Cambia la forma, pero el fondo es el mismo.

    Comprender es el primer acto de cuidado

    Cuidar a un animal no empieza en el cuenco ni en la correa. Empieza en la mirada. Cuando dejamos atrás los mitos y entendemos el comportamiento animal, tomamos decisiones más justas y construimos vínculos reales, no simbólicos.

    Los animales no traen suerte ni desgracia. Traen vida, necesidades, emociones y comportamientos propios.

    El problema nunca fue el animal

    A lo largo de la historia, los animales han cargado con miedos que no les pertenecían. Han sido temidos, castigados o ignorados por historias que los humanos necesitábamos contarnos.

    Quizá este martes 13 sea un buen día para recordar algo sencillo: nuestros perros y gatos no necesitan suerte. Necesitan comprensión, respeto y decisiones más conscientes. Y eso, por suerte, sí está en nuestras manos.

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